martes, agosto 30, 2005

El Problema Vasco. | Autor/a: judas

Tratar este tema siempre es una tarea peliaguda.

Es difícil intentar tener una visión de conjunto sin dejar que los prejuicios y la rabia te nublen.

Sin embargo, a pesar de la dificultad, es algo que es necesario hacer. Porque aunque el terrorismo es algo que juega un papel muy importante en este asunto, no es recomendable supeditarlo todo al juego de los asesinos. Ni todo, ni nada.

Existe un problema en Euskadi. Eso es un hecho, nadie lo niega. El problema es que existen también diferentes visiones acerca de cuál es el problema.

Unos, generalmente la derecha española, cree que el único problema de Euskadi es ETA. No les falta razón: ETA es un problema muy importante en Euskadi. Pero no hace falta ser tan simplista.

Otros, como yo, pensamos que Euskadi tiene un problema, que es ETA. Pero también pensamos que más allá de ETA, más allá de sus asesinatos y de toda su mierda (por qué no decirlo) existe algo más profundo, algo más arraigado en el pueblo, algo más "racial" si se me permite la expresión. Existe un "Problema Vasco".

No me pararé a reflexionar sobre los inicios de la banda de criminales que firma como Euskadi Ta Askatasuna y de su supuesta intención de ser un movimiento de liberación nacional (no hace falta recordar las palabras del insigne ex-Primer Ministro de la Repúblida -soñar es gratis- de España hace no tanto tiempo). Sólo apuntaré que tan cobardes y condenables me parecen los atentados etarras en sus comienzos cuando sus objetivos eran mayoritariamente militares y afectos al régimen como los actuales e indiscriminados.

El problema es que ETA ha mantenido su discurso cuando su enemigo era una dictadura, cuando es una democracia monárquica y me temo que seguiría con el mismo si viviéramos en una república federal. Es el fruto de vivir alejado de la realidad tantas décadas, que uno acaba creyendo que su Verdad es única, universal y eterna. Sobre todo eterna.

ETA no es ese colectivo amoroso de su tierra que está dispuesto a darlo todo, incluso la vida de los demás, para conseguir que sea suyo, sólo suyo, su tesoro. Esa visión romántica del terrorismo fanático por la tierra es la que más alas le da. Ocurre en Israel, donde por supuesto amor a la tierra unos colonos judíos usan a sus hijos como escudo humano para evitar ser deahuciados, mientras unos palestinos enseñan a sus hijos a colocarse un explosivo para asesinar de forma sanguinaria a los malvados hebreos que ocupan sus tierras.
No, ETA no es eso. ETA no lucha ni por la liberación de Euskadi ni por el amor a su tierra ni nada por el estilo. ETA mata porque no sabe hacer otra cosa (todos hemos oído a Otegi en TV y sabemos que le sacas de sus cuatro frases hechas y no sabe decir nada más, y eso que es parte según parece del aparato político etarra, cuánto menos sabrán expresarse los que se dediquen sólo a matar. Aunque claro, con esta Ley de Partidos que tenemos, que ilegalizamos a uno por ser parte de ETA pero no encarcelamos a sus componentes como miembros de ETA por falta de pruebas... lo único seguro es que Otegi es de su padre y de su madre; el resto, a imaginación popular). ETA mata porque es tan inhumana que no sabe hablar. ETA mata porque lo que entiende por comunicación es colgar sus panfletos por las calles, así, sin derecho a réplica. ETA mata porque lo que entiende por diálogo es una aceptación sin peros de sus imposiciones aunque la mayoría vasca no esté de acuerdo.
ETA mata porque es su negocio. Un negocio que seguramente se relaciona con el tráfico de drogas, de armas y quién sabe qué más.
Y ETA mata porque es fácil. Muy fácil

Es algo muy sencillo criminalizar entonces a todo aquel que comparta los ideales que ETA dice defender. Es tan sencillo que es hasta falaz.

No saldrá de mi puño y letra una defensa del nacionalismo. No lo entiendo, no lo comparto. Pero soy capaz de respetarlo.
En este mundo donde yo y personas similares creemos que lo ideal es unir, comunicar, dotar a todos de las mismas oportunidades y a partir de ahi que cada cual demuestre lo que vale no llego a entender la manía de algunos de autoerigirse como verdaderos habitantes de una tierra y tener la autoridad moral de llamar a otros, despectivamente, "extranjeros".

El nacionalismo galopante, fundamentalista, es aquel que es exclusivo. Aquel que presupone que el bien de tu patria (o lo que él entiendes por su bien o por su patria) es más importante que la gente que vive en ella o que la patria de otros. Yo soy mejor que tú porque soy vasco en todo mi árbol genealógico, tengo Rh- y me llamo Aitor.
Del mismo modo, yo soy mejor que tú porque soy español de sangre vieja, no tengo mezcla ni con moros ni con gitanos y me llamo Santiago (y cierra España, que aunque me llame liberal eso de que los chinos vendan ropa en España no lo llevo bien).

Pero existe en Euskadi un problema que va más allá de ETA y del nacionalismo galopante y fundamentalista, tanto vasco como españolista: en Euskadi hay dos bandos. Se quiera ver o no, hay dos bandos. Y hay dos bandos que deberían ser capaces de sentarse, decidir juntos su futuro y vivir el paz y tolerancia.

Por un lado, están los nacionalistas, sean más moderados, más galopantes... da igual, porque de lo que hablo ahora es de sus fines, no de sus medios. Quieren una Euskadi unida, independiente. Quieren una Euskadi fuera de España. Pero además quieren una Euskadi que contenga a Nafarroa (Navarra) y a otras provincias francesas.
Este grupo, aunque pareciera lo contrario, es más heterogéneo que el otro. Aquí entran los que son capaces de disparar en la nuca a alguien sólo por ser concejal de determinado partido, pero también aquellos que condenan el terrorismo pero proponen un marco legal para llevar a cabo la secesión.
Como estamos tratando fines, y no medios, puedo reconocerles la legitimidad de su intención. A fin de cuentas, si lo que buscamos es la mayor libertad posible para la humanidad... eso debería incluir dejar que las comunidades se autorijan como les plazca a sus habitantes, y no supeditar eso a un convenio arbitrario como es la existencia de un país que engloba a un territorio. Yo soy de la opinión de que no es justo obligar a una región de un país cualquiera a ser parte de ese país en contra de la opinión mayoritaria de sus habitantes. Claro, que yo también soy partidario de revisiones constitucionales cada, como mucho, 25 años.
Estos tiene voz y voto en Euskadi. Si paseas por Donostia o Bilbo verás que dominan los carteles: autodeterminacíon, independencia... son las consignas que se leen. Y hay más: carteles en los que anuncian a los extranjeros que están en Euskadi, y no en España ni Francia. En los pueblos rurales de interior la cosa es similar: llamadas a manifestaciones, carteles de apoyo al colectivo de presos vascos etarras (en otra ocasión os contaré por qué estoy de acuerdo con el acercamiento, pero este post me está quedando un poco largo), incluso pancartas de ETA.

Por ejemplo, esta semana pasada he estado de vacaciones en Guipuzkoa, en un pueblecito rural. Nada más llegar, en la plaza del pueblo, en la iglesia, una bandera de ETA ondeando al viento. Según nos explicaron después, es que en fiestas el mundo rural vasco es todo él muy afin a la banda criminal.
Mantiene todavía en ese medio el halo de romanticismo que pretende acompañar a sus asesinatos. Son más fáciles de convencer y engañar aquellos que viven alejados y en el auténtico modo de vida vasco que los que se informan y son más cosmopolitas.

Pero por otro lado tenemos a los que no son nacionalistas vascos, sino que se sienten bien con el marco jurídico que tienen y que están cómodos siendo españoles. Nada que reprochar, por supuesto.
El principal problema de esta gente es que, aunque tengan voto, no tienen voz.
En este mundo, los que propugnan cambios siempre son los que más alzan la voz. A nadie se le ocurre hacer una manifestación para pedir la continuación de la monarquía, mientras que por ejemplo concentraciones pro-república sí se producen con mayor asiduidad (y escasa repercusión, todo sea dicho). Y este grupo sostiene la continuidad de la situación.
Y no sólo el hecho de mantener la postura continuista es lo que les priva de la voz. Es que en Euskadi hay una atmósfera nacionalista en todo su ambiente. En todas las expresiones culturales, de la vida pública, en todos los lugares abiertos... todo está impregnado de nacionalismo, de tierra, de vasco, de ikurriña, de euskera... que aunque es algo totalmente lícito asfixia a los que no forman parte de ella, o no lo hacen de un modo tan exagerado.
Sólo me dió la impresión de escapa de esa nube nacionalista al llegar a Vitoria-Gasteiz. Esta capital, mucho más "castellanizada" que las otras dos de Euskadi, tiene la suerte de no tener sus muros plagados de letreros apoyando a bandas criminales ni a sus encarcelados. O al menos yo no lo he visto. Y tiene la suerte además de brindar a sus cuidadanos la posibilidad de no estar de acuerdo. Fue en Gasteiz donde ví el cartel que más me impactó por la valentía que demostraba. Era muy sencillo. Simple y llanamente anunciaba que en el interior del inmueble, una sede de un partido político, se recogían firmas para pedir que Álava no formara parte de la Euskadi que proponía el Plan Ibarretxe.

Existe, por tanto y a mi juicio, un problema, y un problema que debe ser solucionado.
Llámese referendum, llámese consulta popular, llámese ejemplo de Quebec... Llámese como se quiera, pero en una sociedad en la que la mitad quieren seguir como están y la otra mitad quiere ser independiente... hace falta sentarse y hablar mucho, mucho.

Y respecto al otro, al terrorismo cínico y mentiroso que sólo busca echar por tierra el trabajo de otros que sí aman a su país y quieren verlo libre pero sin manchas de sangre, también le veo una solución, que no pasa en este caso ni por negociación ni por habladurías.
A ETA se la vencerá cuando los que la apoyan se den cuenta de que matar no sirve. Nada ayuda una entrega de armas sin ese convencimiento por parte de sus bases.
A ETA se la vencerá cuando se den cuenta de que sus actuaciones han sido un lamentable y atroz error, cuando nadie sea capaz de sostener que un pedazo de tierra vale más que una vida humana que discrepa.
A ETA se la vencerá cuando los que mantienen de forma democrática sus mismos y legítimos fines salgan a la calle y digan con voz alta y clara: "Sí, quiero una Euskadi libre e independiente, pero no a costa de una sola gota de sangre más".
Son ellos los que tienen que mover ficha. Porque mientras no lo hagan, siempre habrá mentes malpensadas que arguyan que mientras unos menean el árbol otros recogen sus frutos. Y esos pensamientos nunca son positivos.

Pero no todo es negro en Euskadi. Nacionalista o no, la alegría que se respira en sus calles es abrumadora.
La amabilidad del vasco es una leyenda real. En mi semana en tierras norteñas todo el mundo ha sido especialmente agradable, desde la policía hasta el encargado del alojamiento que usamos, pasando por dependientes, camareros... includos gente de la calle. Un espontáneo, por ejemplo, nos enseñó a jugar a pelota vasca.
Y su cultura. Y sus leyendas. Y su mitología, tan rica o más que esa hebrea que nos dicen que es divinamente verdadera.
Sus deportes, sus bailes. Su gastronomía (cómo estaba el Gotxua... exquisito!)...
Sus paisajes, sus monumentos, sus miles de iglesias románicas salpicando los montes y aglutinando pueblos de no más de veinte casas.
Sus playas, sus museos, sus catedrales, sus paseos, sus senderos, sus bares de pintxos...

Euskadi es, por tanto y según mi punto de vista personal, un lugar maravilloso que tiene un problema de indentidad, que no sabe muy bien si quiere ser sólo Euskadi, una, libre e independeinte pero sola al fin y al cabo, o una Euskadi también una y libre (con sus peculiaridades que nadie quiere quitarles), pero formando parte de España y haciendo así que el patrimonio español en cuanto a cultura, costumbres y buena gente se agrande.

Y además de un problema de identidad, tiene un problema de terrorismo. Que van ligados, pero que no son lo mismo.

Otro día os cuento por qué creo yo que el terrorismo es más un problema de salud mental que de política.



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