jueves, agosto 25, 2005

La viabilidad de la Renta Básica (y II) | Autor/a: LP

Es cierto, sin duda alguna, que un joven con una Renta Básica no aceptará cualquier trabajo a cualquier precio, que un estudiante tendrá menos incentivos para trabajar y mas para estudiar, y que probablemente los jóvenes comiencen a irse de casa a edades mas tempranas sin preocuparse tanto por volver con el rabo entre las piernas a casa de sus padres. Puede que incluso se fomentase el mercado del alquiler de piso, ante un público potencial tan formidable. Pero a mi, francamente, ninguna de estas cosas me parece mal.

3.Inflación

Algunos de los principales temores que la RB inspira en lo que concierne a la inflación se refieren, sobretodo, a los supuestos efectos desincentivadores que tendría sobre el mercado de trabajo remunerado. Dado que acabamos de ver que tales efectos es probable que no solo no existan, sino que sean justamente sus inversos, no le daremos mas vueltas al tema. Sin embargo, es de recibo preguntarse por otro supuesto efecto inflacionista de la RB, que Carmen y Jéssica resumían así:

“Además, dado que la RBU es un sueldo asignado al ciudadano por el mero hecho de ser ciudadano, en concepto de ciudadanía e independientemente de su actividad económica (asalariado, desempleado, jubilado, estudiante...) y sin contraprestaciones, podemos deducir que se producirá una relajación en las previsiones individuales de futuro, desincentivando el ahorro e incentivando el consumo. Si bien el incentivo del consumo, a simple vista, puede parecer una medida adecuada para dinamizar la economía, no lo es tanto en el contexto en el que estamos hablando.”

En otras palabras: cuanto mas compra la gente, mas suben los precios. Por si fuese poco, esto haría que la RB no tuviese ningún efecto real (en efecto, si sube el precio de todo, también subirá el precio de lo que usted necesitará consumir para subsistir y, por tanto, seguirá sin poder subsistir). Sin embargo, Carmen y Jéssica no tienen en cuenta varias cosas. Primero, que con argumentos como ese deberíamos ordenar una congelación inmediata de los salarios (en efecto: cuanto más gane usted, mas comprará. ¡Horror!). Esto mismo se puede aplicar a las objeciones que aplican a la RB apelando a los efectos que tendrá sobre el precio de la vivienda (entre paréntesis, a mi me parece que el precio de la vivienda está como está por una conjunción de mucho dinero negro que lavar y una cultura económica y doméstica desastrosa que solo se encuentra en el Estado español y en ningún otro sitio de Europa; dudo mucho que la RB afecte, ni positiva ni negativamente, a ninguno de los dos factores). En segundo lugar, “relajación en el ahorro” (cosa que probablemente acarrearía la RB en muchos individuos) no es sinónimo de “consumo”. Usted puede decidir no ahorrar ni consumir, sino invertir. De hecho, no es difícil imaginarse la cantidad de esos que llaman “jóvenes emprendedores” que emprenderían mas (y mejor) sabiendo que si el negocio les falla las van a pasar putas, pero no se van a morir de hambre. Los efectos de esa inversión facilitada por la RB pueden ser muchos y muy buenos: creación de nuevos puestos de trabajo, extensión de las PYMES, dinamización y renovación del tejido empresarial, etc. Además de todo eso, como las propias Carmen y Jéssica muy bien dicen (y se desdicen inmediatamente sin explicar muy bien por qué), el propio consumo es en si mismo beneficioso para la economía.

4.Efectos sobre la competitividad

Aquí nos encontramos con un dilema en parte irresoluble: si se instaura la RB, la gente estará menos dispuesta a aceptar cualquier tipo de trabajo a cualquier precio. Lo que es sin duda su mayor virtud (que aumenta la independencia del pueblo llano respecto a los poderosos) aquí aparece como un defecto, dado que reducirá, al menos en parte, la competitividad de la economía del país que aplique la RB. Sin embargo, dudo que se pueda decir lo contrario de cualquier otra prestación social. Cuanto menos depende usted de las fluctuaciones del mercado de trabajo, menos dispuesto está a hacer lo que sea con tal de sobrevivir. Desde luego que los izquierdistas escépticos con la RB no pretenderán equiparar nuestra competitividad a la de los países tercermundistas (basada en lindezas como la esclavitud infantil), pero seguramente se preguntarán si la RB no representará una bajada demasiado grande de la competitividad de nuestra economía. Yo solo puedo responder dos cosas. Una, que la competitividad de una economía sin duda depende de hasta que punto el empresario puede hacer lo que le da la gana con el trabajador, pero también de otros factores menos problemáticos para la conciencia de cualquier izquierdista. Por ejemplo, del modo en que un país aprovecha las nuevas tecnologías. Y fijense que no digo “desarrollo tecnológico”: no hablo de convertir El Prat en la nueva Sillicon Valley ni nada por el estilo. Hablo de que las empresas se decanten mas por la innovación tecnológica (desarrollada aquí o en el extranjero, eso es lo de menos) y menos por la mano de obra barata, que con RB o sin ella ya no nos solucionará la vida porque aquí ya no hay mano de obra realmente barata, a parte de la de los inmigrantes que, de todos modos, de aquí a un par de generaciones ya no lo serán (o no lo serán tanto). Y la segunda cosa que puedo responder es la siguiente: la única manera de saber, con certeza, como afectará la RB a la competitividad de la economía catalana o española, es poniéndola en práctica.

5.Exclusión social

Carmen y Jéssica afirman en su crítica que: “los efectos de la RBU sobre la exclusión social serían nocivos. Se crearía un sentimiento de rechazo por parte de los asalariados hacia la población que sin trabajar viviera de su trabajo, lo que provocaría una brecha social difícil de superar.” No tengo claro que significa esto. ¿Se refieren mis compañeras a que una persona que viva de la RB será excluida por el hecho de vivir de la RB? Puede. Pero aquí mis compañeras se olvidan tres cosas. Lo primero es que quien hoy día necesite una RB para subsistir ya está excluido de la sociedad, con lo cual en principio ni mejoraríamos ni empeoraríamos las cosas. Lo segundo es que seguramente las mejoraríamos: si usted no tiene que pedir por la calle (o robar, o prostituirse) para sobrevivir, seguramente no lo hará y se dedicará a hacer el tarambana, a drogarse o, ¿quien sabe?, quizá a vestirse decentemente y buscarse un trabajo. Lo tercero y último es que, en efecto, aquellos que vivan de la RB por propia voluntad serán seguramente mal vistos por sus conciudadanos. Sin duda habrá un cierto porcentaje de estos nuevos bohemios (porque vivirán como bohemios si viven de la RB) a quienes las críticas y malas miradas de la gente simplemente “les resbalarán”. En este caso, ningún problema, ¿no? Ellos serán felices excluyéndose. Sin embargo, otro sector (yo creo que importante) de estos nuevos bohemios no estarán nada contentos con el sentimiento de rechazo del que hablan Carmen y Jéssica lo cual, mas tarde o mas temprano, les impelerá a buscarse un trabajo. Pero no porque se mueran de hambre, sino porque se sentirán rechazados. Al fin, será cierto eso de que “el trabajo dignifica”. Lo cual me lleva a otra feliz conclusión: el trabajo será visto, cada vez más, como una virtud. Una nota cultural que por estas tierras ibéricas creo que nos hace falta. Carmen y Jéssica también dicen que la pobreza no decrecerá debido a los supuestos efectos inflacionistas de la RB, pero sobre eso no voy a volver ya que se ha tratado en el punto 3.

Por otro lado, mis compañeras argumentan que los efectos de la RB sobre la delincuencia serán nocivos: "de lo que se está hablando es de penalizar y destruir el empleo (por ejemplo: vigilancia de seguridad privada), e incentivando al delincuente para que tenga menos motivos para serlo. Es decir: se están premiando las actitudes delictivas y parasitarias." Para empezar, aquí de algún modo se insinua que con una RB estaremos "pagando a la gente por no delinquir" (si no, no se entiende que es eso de "premiar las actitudes delictivas y parasitarias"). Yo digo que esto es una tergiversación: pagaremos a la gente por subsistir, y como efecto beneficioso colateral dejarán de delinquir todos aquellos que delincan por razones de subsistencia y, seguramente, muchos de aquellos que lo hagan por situación de exclusión social. En segundo lugar, lo de que se destruirán puestos de empleo en la seguridad privada no ha podido sino provocarme una sonrisa: ¡ahora va a resultar que tenemos que vigilar con no luchar “demasiado” contra la delincuencia, no vaya a ser que los empleados de Prosegur se vayan a la calle! Siempre se podrá argumentar, claro, que una cosa es luchar con la policía y otra con medidas que desincentiven la delincuencia, y que lo primero “aun vale”, pero que lo segundo es de alguna manera “indigno” y que encima la roba los puestos de trabajo a los pobres seguratas. Y es verdad que ambas maneras de luchar contra la delincuencia son muy distintas: haciendo lo primero la gente está menos segura (porque mientras la policía no atrapa al delincuente, este anda suelto), tenemos pocas posibilidades de reinserir a los delincuentes y nos gastamos un dineral en un sistema penal que sin duda es necesario pero que no genera ningún beneficio a la sociedad (vaya, que cuanto menos necesidad haya de enviar gente a la cárcel, menos dinero nos tendremos que gastar en mantener a esta misma gente. Por cierto, gente que no va a trabajar...). Haciendo lo segundo, en cambio, eliminamos la motivación de mucha gente para delinquir haciendo algo que a mi personalmente me parece justo: garantizar su derecho a existir.

6.Mujeres y jóvenes

Se suele argumentar que la RB no acabará con la opresión de la mujer. Esto es trivialmente cierto. Tampoco acabarán con ella las leyes anti-violencia contra la mujer, ni las políticas de discriminación positiva, ni la educación no-sexista. La opresión patriarcal es algo demasiado antiguo, enraizado y complejo como para pretender que una medida acabe con ella. Pero lo que si que es razonable preguntarnos es si tal o cual medida contribuyen a la emancipación de la mujer. Me parece evidente que la RB lo hace. Para empezar, a sabiendas de que no se morirán de hambre si el jefe las despide, las trabajadoras no tendrán porque aguantar un trato discriminatorio en el trabajo (cobrar menos que sus compañeros masculinos, por ejemplo), amen de poder perderle miedo al jefe que les acosa sexualmente o que les obliga a ir en minifalda al trabajo bajo amenaza de despido. Todo esto sin contar, naturalmente, la mayor independencia económica de la mujer con respecto del varón incluso en caso de maternidad. La RB no liberará a la mujer, pero si la hará mas libre. Sin embargo, mis compañeras Carmen y Jéssica parecen no estar satisfechas: “desde nuestro punto de vista la independencia de la mujer respecto al marido debe conseguirse a través de políticas que faciliten el acceso de la mujer al mundo laboral en igualdad de condiciones.” Lo primero que les debo preguntar es: ¿por que? Lo segundo, que cuales son esas políticas y en que sentido son incompatibles con la RB (porque solo si son incompatibles se entiende que las utilicen para criticar la propuesta de RB). Y lo tercero, que si no han pensado en que la propia RB ya constituye en si misma una política que facilita el acceso de la mujer al mundo laboral en igualdad de condiciones, por las razones arriba descritas.

En otro orden de cosas, parece evidente a primera vista que la RB facilitará la conciliación de la vida familiar con la laboral, pudiendo dedicar los individuos menos tiempo al trabajo y mas tiempo a los hijos (y suponiendo estos, además, un coste menor, ya que vendrían con el pan-bajo-el-brazo de una renta básica de 230 euros mensuales). Sin embargo, mis compañeras Carmen y Jéssica no lo tienen nada claro teniendo en cuenta lo “inflacionista” que dicen que es la RB. Dado que hemos visto que no es el león tan fiero como lo pintan (es decir, que la RB no es especialmente inflacionista, o al menos no mas que las subidas de salarios o las prestaciones sociales en general), daremos por inválida esta crítica. Pero hay mas: resulta que los jóvenes tampoco serían beneficiados por la RB. La razón de esto es, según Carmen y Jéssica, que “aunque se dice que, al tener garantizado el mínimo de subsistencia, los jóvenes no necesitan claudicar ante un empleo precario y pueden concentrar sus esfuerzos en su formación, esto no es cierto, porque lo que se transmite con ésta medida es que no es necesario el esfuerzo, por lo que tampoco es necesario un alto grado de formación (percepción aumentada, además, por la escasez de mano de obra dispuesta a trabajar, y los altos salarios a la que sí está dispuesta a renunciar a una parte de su tiempo libre).” Para empezar, descartaremos eso de la “escasa mano de obra dispuesta a trabajar”, ya que hemos visto que no solo no es cierto sino que la realidad tiene visos de ser mas bien la contraria. Nos quedaremos con esto: si un joven recibe una RB por no trabajar, se le está “transmitiendo” que no es necesario el esfuerzo. Y yo pregunto, ¿por que? Puede parecer una tontería de pregunta, pero fijense bien: si cada vez que yo a usted le doy una prestación social sin que usted tenga que esforzarse por ella resulta que le estoy transmitiendo que “el esfuerzo no es necesario”, al final resultará que nos vamos a quedar sin prestaciones sociales. En especial para los jóvenes. Porque vamos a ver: que me den una RB sin trabajar me enseña lo inútil que es el esfuerzo, ¿y que me regalen la sanidad, la educación, y si tengo suerte incluso un piso de protección oficial, no lo hace? Por otro lado, no está de mas recordar por que se esfuerzan los jóvenes a la hora de estudiar: o bien por vocación (y en este caso la RB no solo no disminuiría, sino que incentivaría a la gente a hacerlo) o por conseguir un trabajo donde ganar mucha pasta (y aquí la RB lo dejaría todo intocable, porque por mas que suban los sueldos usted siempre ganará mas como ingeniero que como mozo de almacén, al menos hasta que el mundo acabe de volverse loco). Y cuando se buscan un trabajo, hacen horas extras o trabajan en vacaciones no lo hacen (solo) para sobrevivir (que es lo que a uno le costea la RB: la supervivencia), sino para comprarse ropa, maquillaje, música, libros, vacaciones con la pareja y/o los amigos, un coche y su correspondiente seguro, alcohol, entradas de discoteca, de cine o de conciertos, etc. Es cierto, sin duda alguna, que un joven con una Renta Básica no aceptará cualquier trabajo a cualquier precio, que un estudiante tendrá menos incentivos para trabajar y mas para estudiar, y que probablemente los jóvenes comiencen a irse de casa a edades mas tempranas sin preocuparse tanto por volver con el rabo entre las piernas a casa de sus padres. Puede que incluso se fomentase el mercado del alquiler de piso, ante un público potencial tan formidable. Pero a mi, francamente, ninguna de estas cosas me parece mal.

7.Conclusión

Las conclusiones de Carmen y Jéssica son las siguientes: “[...] la implantación de la Renta Básica de Universal provocaría el colapso de la economía y la inculcación de malos hábitos de consumo, ahorro y esfuerzo para las nuevas generaciones. Estamos hablando del hundimiento del país en poco tiempo.” Ciertamente, un futuro apocalíptico y, si me permiten la expresión, acojonante. Pero como hemos visto a lo largo de este interminable post, las cosas no son tan sombrías, y las más de las veces son exactamente lo contrario de lo que los críticos de la RB pintan. Queda, sin embargo, un último sector de críticos que hay que despachar contundentemente antes de acabar el post porque estos si que son perniciosos (gente como Carmen y Jéssica podrán estar mas o menos equivocadas o mas o menos acertadas, pero sin duda nos llaman la atención sobre aspectos problemáticos o poco claros de la propuesta de RB, y eso ya es un mérito en si mismo). Se trata de una especie de izquierdistas a quienes yo conozco con el cariñoso nombre de “rojocaguetas”. Usted seguro que conoció a alguno en su partido y/o movimiento social. Son esos típicos izquierdistas que ante cualquier tipo de propuesta medianamente atrevida ponen gesto de preocupación y advierten que “a los de arriba no les va a gustar/esto no va a salir bien/a ver si la vamos a liar”. Temerosos de Botín y de Gates como temerosos de Dios son los buenos cristianos. Pues bien, son muchas las voces que asoman anunciando, cagadamente, que la propuesta de RB es “inviable” porque perjudica económicamente al sector mas poderoso y rico de la sociedad, que va a oponerse con todas sus fuerzas a una medida así. A este respecto, dejaré que conteste mi profesor Félix Ovejero (Ovejero, 1998, citado en Raventós, 1999): “por poco que se indague qué es lo que se quiere decir como inviable, no se encuentran sólidas leyes económicas o matizados principios morales, sino 'imposibilidades políticas': no resulta aceptable para los que están mejor. Pero eso es cualquier cosa menos un argumento.”



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