domingo, agosto 28, 2005

Mercado libre (para envenenar) | Autor/a: JimmyJazz

Escribí un post en Esperando al viento motivado por la creciente preocupación de las autoridades sanitarias de la UE ante la amenaza de la gripe aviar. Este artículo, cuya intención no era política, acabó adquiriendo un tinte más social y creo que es adecuado para ser expuesto aquí como reflexión acerca de dónde nos lleva a veces una sociedad que tiene en la competencia y la productividad sus únicos referentes. Aquí lo dejo (con alguna modificación) para el que esté interesado


La preocupación que se vive últimamente con la gripe aviar ha llegado a las más altas esferas de la UE. Ahora, nuestros adorados líderes europeos están preocupados: no quieren darnos basura para comer. Bueno, no quieren que efermemos, si éso se puede conseguir comiendo basura barata y rentable mejor que mejor. Si no es así, pues no les quedará otra que hacer algún que otro control y darnos unas mínimas garantías, qué remedio.

La pregunta es: ¿qué diantres les pasa a los animales que se empeñan en portar virus y enfermedades tan puñeteras para nosotros? Ante los innumerables casos de fiebres (bovinas, ovinas, porcinas, etc.), el caso de las vacas locas y ahora la fiebre aviar, creo que queda claro que existe un problema subyacente que va más allá de una serie de enfermedades aisladas. Si observamos cuáles son los procesos de producción, cómo han evolucionado tanto estos procesos como las granjas para reducir costes y maximizar beneficios, podremos encontrar una posible respuesta: las granjas industriales y sus métodos de explotación demenciales (incluso criminales) producen afanosamente la basura que civilizadamente consumimos.

No pretendo hacer un post en defensa de los derechos de los animales. No porque no lo considere interesante sino porque no es el tema que me interesa tratar ahora. Tampoco es un discurso pro-vegetarianismo (yo no lo soy). Respetando estas vertientes del tema más centradas en los derechos de los animales yo me centraré en nuestro derecho a no ser envenenados. Así quedará claro que es un problema que nos atañe a todos, concienciados o no con los derechos de los animales. Sin embargo, es inevitable hablar de cómo son tratados los animales en las granjas industriales ya que existe una estrecha relación entre las vejaciones a las que se ven sometidos y los productos "defectuosos" que de salen de estas granjas y que con tanto gusto nos tragamos.

Desde que las explotaciones ganaderas fijaron como único objetivo el maximizar sus beneficios, olvidando por completo el ofrecer una mínima calidad, las granjas industriales en algunas zonas literalmente acabaron con todos esos pequeños ganaderos que en menor o mayor medida mantenían un explotación que les reportase unos ingresos con los que poder vivir. En laa sociedad cualquier cosa es susceptible de ser sacrificada. Cualquier cosa salvo el beneficio personal y la competitividad. La calidad ya no es un valor. Cuando entre toda la oferta no hay ningún producto que sobresalga del resto cualitativamente, el único factor diferenciador es la cantidad. Esto es el mercado. Yo mismo he podido vivirlo en alguna ocasión ya que afortunadamente he podido disfrutar del entorno rural con bastante asiduidad. Aún recuerdo algún verano que para ganar un dinerillo encontré un trabajo en el que conocí a un pastor que mientras ordeñaba a sus cabras y ovejas, ¡iba llamando a cada una de ellas por su nombre! (serían unas 150). Evidentemente no digo que tengamos que tener como referente una situación tan poética como ésta. Lo que ocurre es que no puedo evitar que venga esta imagen a mi mente cuando aparecen noticias o imágenes relacionadas con las mega-explotaciones ganaderas. No cabe otra cosa que preguntarse, ¿qué coño estamos haciendo? Creo que nadie puede negar que debe existir un punto intermedio entre el abuelo de Heidi con sus dos cabras y la locura de tener centenares de animales mutilados y acinados revolcándose en sus propios excrementos.

Pero como ya dije no hablaré de lo maltratados que son los animales en esas granjas sino de cómo repercute este trato vejatorio en el resultado final que es al fin y al cabo el que llega a nuestras mesas. La WSPA (World Society for the Protection of Animals) elaboró un informe para ser presentado durante el Foro Mundial de la Investigación en Salud de la Organización Mundial de la Salud que se celebró en la Ciudad de México del 6 al 20 de noviembre de 2004. El título de dicho informe lo dice todo: "Cría intensiva de animales de granja - ¿La próxima crisis mundial de salud?" (puedes encontrar el documento completo aquí). Es un documento tan interesante como espeluznante. No se centra ni mucho menos en las torturas a las que se ven sometidos los animales (como ya dije no es el objetivo de este artículo) sino en cómo a partir de ellas o bien los animales enferman o bien tras su muerte sus carnes son contaminadas. Al estar acinados en jaulas de tamaño muy reducido, se podría decir que los animales viven en permanente contacto con sus excrementos. Este es el caso de las gallinas ponedoras, a las que cortan el pico para que no se ataquen al estar unas tan cerca de las otras. También se las exprime hasta el punto de que son sacrificadas cuando al cabo de un año su producción disminuye, cuando en condiciones normales pueden llegar hasta los 15 años. Una vez sacrificados los animales, su carne y vísceras viajan en cadenas de transporte que se mueven a gran velocidad. Por este motivo se han encontrado casos en los que la carne de consumo entra en contacto con el contenido del aparato digestivo. Éste es uno de los mecanismos por los que se produce la contaminación por la bacteria E.coli O157:H7 que "causa diarrea con sangre, fallo renal y la muerte, particularmente entre niños y ancianos".

En el documento enlazado anteriormente también aparece un tema bastante más conocido: el suministro masivo de antibióticos a los animales en estas granjas. Su utilización es necesaria dadas las condiciones de insalubridad en las que viven. El problema es que ante el abuso de antibióticos los virus evolucionan desarrollando una enorme resistancia a estas medicinas. Además, los antibióticos llegan a los consumidores de esta carne por lo que puede ocurrir que esos virus que también nos afectan a nosotros desarrollen la misma resistecia. Quizás sea este el principal motivo por el que aparecen nuevas enfermedades y virus más agresivos, con una mayor capacidad de mutación y mucho más difíciles de combatir (por ejemplo, una de las líneas de investigación para conocer mejor la enfermedad de parkinson trabaja sobre la hipótesis de un origen medioambiental - algún virus o bacteria - de la enfermedad). Se puede decir que estas granjas podrían constituir en el futuro los mejores laboratorios de desarrollo de armas bacteriológicas creando virus inmunes a cualquier tipo de antibiótico.

Como ya dije al empezar, todas estas enfermedades deben considerarse como un fenómeno único ya que tienen un origen común. Las vacas locas, las distintas fiebres o la gripe aviar ya se han cobrado algunas víctimas entre los consumidores. Lo de crear vacas carnívoras que devoraban a sus congéneres muertas y transformadas en harinas ya era propio de una novela de Kafka. Yo no quiero ver el próximo engendro y mucho menos quiero comérmelo. Es necesario exigir que esta evolución del mercado agrícola y de las granjas industriales se detenga. Son altamente perjudiciales para el medio ambiente, para sus trabajadores, para los animales y para los consumidores. Quizás sea el propio mercado el que se está autorregulando, permitiendo cometer las aberraciones más inimaginables para maximizar sus beneficios. De ser así no sería descabellado recurrir al pesimismo y pensar que esta "autorregulación" nos acabará llevando al desastre. Por lo tanto, si queremos detener esta locura es imprescindible que "autorregulemos" ese mercado o que exijamos que así se haga. Deben replantearse las normas a cumplir para que se garantice la idoneidad de los productos que llegan a las tiendas. Si para ello es necesario habrá que cambiar de raíz el modo de explotación o el modelo de negocio. La filosofía de la producción desmesurada e indiscriminada puede ser sustituida por otros modelos en los que no se produzca escasez de productos y a la vez ofrecan más garantías tanto para los animales como para los consumidores. Lo peor de todo es que esta política empresarial es la que nos toca y no hay otra: producir, ganar, competir. Y todo ello sin escrúpulo alguno. Esperemos que no tengamos que vivir los mismos episodios de brutal supeditación de la calidad frente al beneficio en otros sectores como podría ser la educación o la sanidad. Y es que la competitividad no es una virtud en sí misma si no se acompaña de algunas condiciones, por más que ésa sea la consigna de nuestros días.

Hasta aquí llegaba el artículo. Ahora siento dejarles, mi deber me llama: producir, competir, consumir... ¡aparta perdedor que me estorbas!






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