viernes, septiembre 02, 2005

Bombers de la Play | Autor/a: todo a babor!

Están en todas partes. Realmente, siempre han estado allí. Ahora la BBC los llama Bombers. Otros medios los llaman terroristas. Sin embargo, creo que son los de siempre. Las causas del terrorismo islámico son de sobra conocidas: colonización, regresión teológica-filosófica, explotación de recursos energéticos, guerra de Irak, prepotencia occidental, pornografía en Internet… Surge ahora una espantosa quinta columna: el terrorismo islámico de ciudadanos europeos, miembros de la segunda o tercera generación de una emigración relativamente bien acogida. Con educación y formación universitaria, que no necesariamente sobrellevan esa brutal y obligada abstinencia sexual del Magreb y Oriente Medio, dentro de un sistema que les ha proporcionado unos medios materiales que ni en sueños tendrían en los países de origen de sus antepasados… son jóvenes, preparados e integrados pero optan por matar. No son unos barbudos talibanes pero tampoco se han sentido cómodos en una sociedad que no les discriminaba. Este desajuste es lo que ha conmocionado las conciencias europeas, más que las bombas, las víctimas o el pánico en el transporte público. ¿El enemigo en casa? ¿Qué está pasando? ¿Qué estamos haciendo mal? Se preguntan analistas, sociólogos, educadores…

Evidentemente, el brutal capitalismo salvaje de la globalización neo-liberal no ayuda a la comodidad de estos europeos musulmanes, pero me temo que la motivación de estos ciudadanos desheredados debe ser enfocada desde la psiquiatría social, más que desde la politología. Me explico. La sociología, la edad y los detallados semblantes de los terroristas describen unos muchachos normales (sin más pretensiones en la vida que la de formar una familia) que cayeron en las manos de algún mulá descerebrado que enjuagó unas turbulentas mentes adolescentes para convertirles en unos asesinos. Es la historia de la Historia. Un fanático que fanatiza a unos inadaptados y que llena de contenido una existencia vulgar. La Euskal Herria etarra de algunos adolescentes vascos, la creencia en una babosa superioridad racial en Madrid o Berlín, la playstation, el skating, el éxtasis o el fútbol. Son los elementos que completan una existencia vacua en un mundo conflictivo en injusto donde se hace más difícil adaptarse a unos cambios que atropellan a generaciones enteras.

A estos bombers o a las camellos de tres al cuarto del 11-M les ha llenado de sentido su vida la yihad islámica. Han encontrado una comunidad en la que sentirse alguien, una injusticia por la que luchar (Irak, Cisjordania… no faltan ejemplos), un paraíso celestial más cercano a sus sueños que lo que puede proporcionarles un suburbio europeo o una película de Tom Hanks… Allí (en el Islam) respuestas y esperanza, aquí sólo conjeturas y alienación neo-liberal.

Esto puede generar sensaciones contradictorias a los bienpensantes blancos, cristianos y occidentales ciudadanos europeos. Por una parte los occidentales podemos estar tranquilos, no todos los inmigrantes o sus descendientes ven en la yihad la solución a sus frustraciones, no todo se ha hecho mal en las políticas de asimilación. Pero cada vez es mayor el grupo de personas insatisfechas, descontentas con su vida y con el devenir del planeta. No hablamos de musulmanes o hindúes, hablamos de una generación entera de jóvenes aburridos de barrio-dormitorio dispuestos a que algo o alguien les diga qué hacer para que su vida (y su muerte) tenga sentido


VANDEWEGHE



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